Corrientes oceánicas superficiales y profundas

Una corriente oceánica es un flujo persistente de agua, de componente predominantemente horizontal, cuyo principal efecto a escala planetaria es la redistribución del calor recibido por la Tierra. A escala más local, las corrientes cálidas de agua moderan el gélido clima de las costas árticas mientras que las corrientes frías suavizan el calor de los desiertos tropicales a lo largo de sus franjas costeras.

Se pueden distinguir dos tipos principales de corrientes: las superficiales y las profundas. Además, describiremos las corrientes litorales por su importancia local.

Las corrientes superficiales

Las corrientes superficiales se deben a los vientos superficiales permanentes, que transfieren su energía al agua por rozamiento. La aceleración de Coriolis, debida a la rotación de la Tierra, provoca que las masas de agua en movimiento desvíen su trayectoria unos 45° a la derecha (en el hemisferio norte) respecto a la dirección en que se desplaza el viento. La disposición de las masas continentales influye también en la trayectoria de las corrientes.

En el mapa de circulación general oceánica de la figura destacan varios aspectos (es conveniente comparar este mapa con el de circulación atmosférica).

Fotografía mediante satélite que nos muestra las corrientes debido a El Niño

Alrededor de los anticiclones subtropicales se producen movimientos de agua circulares, o giros, situados a 25° o 30° de latitud norte y sur. Los vientos, alisios causan corrientes ecuatoriales dirigidas hacia el oeste. Están separadas por una contracorriente ecuatorial, bien desarrollada en los océanos Pacífico, Atlántico e Índico. Las corrientes ecuatoriales viran hacia el polo a lo largo del borde occidental de cada océano formando corrientes cálidas paralelas a la costa. Destacan la corriente del Golfo (o de Florida) y la corriente de Kuroshio, en Japón, que aportan temperaturas más altas del valor medio a las costas adyacentes.

Los vientos del oeste producen un lento movimiento del agua, llamado deriva del viento del oeste, mucho más extenso en el hemisferio austral, debido a la existencia de un inmenso océano abierto en latitudes elevadas. Cuando se aproximan a las costas orientales del océano, estas corrientes se desvían, tanto hacia el norte como hacia el sur, a lo largo de la costa. Entre ellas destacan las corrientes frías de Humboldt (o del Perú), la de Benguela, frente a la costa sudoccidental africana y la de Canarias, que circula por las costas de la Península Ibérica y norte de África.

En el hemisferio norte existe un flujo de agua fría hacia el ecuador a lo largo del lado occidental de los estrechos que conectan el Océano Ártico con el Atlántico y el Pacífico. Las tres principales corrientes oceánicas de este tipo son la de Kamchatka, la del Labrador y la de Groenlandia.

Las corrientes profundas

Las corrientes profundas se forman por las diferencias de densidad de las aguas, debido a los cambios de temperatura y salinidad, por lo que también se llaman corrientes termohalinas. El agua fría y densa de los mares polares desciende hacia capas profundas del océano, extendiéndose hacía el ecuador, y desplazando hacia la superficie las aguas más cálidas.

Están condicionadas por la topografía del fondo oceánico, sobre todo por las dorsales y el talud continental. Lejos de los polos, también, influye en estas corrientes el movimiento de rotación terrestre, que provoca una tendencia a recorrer los bordes occidentales de los océanos al pie de los taludes continentales, depositando en ellos sedimentos.

Las corrientes litorales

En las zonas costeras se pueden generar corrientes de deriva, que son importantes en los procesos de modelado litoral.

Cuando el oleaje, movido por los vientos dominantes, incide oblicuamente, a la línea de costa, arrastra materiales sueltos (arena, cantos) en la dirección de avance dejas olas. El reflujo posterior se lleva consigo tales materiales mar adentro, perpendicularmente a la línea de costa, siguiendo la máxima pendiente, a favor de la gravedad.
El resultada, de estos desplazamientos de partículas en conjunto supone la deriva de los sedimentos a lo largo de la playa, lo que se conoce como “deriva de playa”, generada por la corriente costera.

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